Los cementerios de Colombia han sido, durante años, refugios improvisados para colonias de gatos en condición de calle. Estos felinos encuentran en estos espacios un lugar relativamente tranquilo donde pueden alimentarse de restos de comida dejados por visitantes o incluso cazar pequeños roedores.
Sin embargo, la sobrepoblación de gatos en cementerios ha generado preocupación tanto entre las autoridades como entre los ambientalistas. En algunos casos, la proliferación descontrolada de estos animales ha llevado a la desaparición de especies de aves locales, alterando los ecosistemas urbanos.
Además, la falta de atención veterinaria provoca que muchas de estas colonias sean portadoras de enfermedades como la rinotraqueítis felina o la panleucopenia, lo que pone en riesgo no solo a otros gatos, sino también a mascotas domésticas que puedan entrar en contacto con ellos.
Para enfrentar esta situación, algunas organizaciones han comenzado a implementar programas de captura, esterilización y retorno (CER), que permiten controlar la población felina sin recurrir a métodos agresivos. Sin embargo, estos esfuerzos siguen siendo insuficientes ante la magnitud del problema.