Planear un viaje o atender compromisos laborales suele implicar una pregunta clave para quienes tienen animales de compañía: ¿quién cuidará de ellos? Aunque puede parecer una decisión sencilla, expertos advierten que dejar a una mascota al cuidado de otra persona exige preparación, información y seguimiento para evitar afectaciones en su salud y comportamiento.
Más allá de la confianza en el cuidador, el bienestar del animal depende en gran medida de qué tan clara y completa sea la información que se entregue. Los especialistas coinciden en que uno de los errores más comunes es asumir que “todo es obvio”, cuando en realidad cada mascota tiene rutinas, necesidades y sensibilidades particulares que deben ser comunicadas.
Información clara: la base de un buen cuidado
Uno de los primeros pasos es dejar instrucciones detalladas por escrito. Esto incluye el tipo de alimento, las cantidades exactas, los horarios de comida, medicamentos —si los hay—, antecedentes médicos, alergias y datos de contacto del veterinario.
También es fundamental describir el comportamiento habitual de la mascota: cómo reacciona ante extraños, si tiene miedo a ruidos fuertes, cómo interactúa con otros animales y si presenta signos de ansiedad por separación. Esta información permite que el cuidador actúe con criterio en situaciones inesperadas y reduzca el margen de error.
Además, se recomienda compartir rutinas específicas como horarios de paseo, tiempos de juego y momentos de descanso. Mantener estas dinámicas lo más estables posible ayuda a que el animal no perciba cambios bruscos en su entorno.
El valor de lo familiar en entornos nuevos
Otro aspecto clave es el entorno. Los expertos aconsejan que la mascota permanezca, en lo posible, en un espacio conocido o, si debe trasladarse, que cuente con objetos familiares que le brinden seguridad.
Elementos como su cama, cobijas, juguetes y recipientes de comida pueden marcar una diferencia significativa en la adaptación. En el caso de los gatos, incluir arena suficiente para el arenero y objetos con el olor de su tutor puede reducir considerablemente los niveles de estrés.
Estos detalles, aunque simples, ayudan a que el animal mantenga una sensación de continuidad, incluso en ausencia de su cuidador principal.
¿Cuánto tiempo puede estar solo?
El tiempo que una mascota puede permanecer sin su tutor varía según su especie, edad y temperamento. En el caso de los perros, no se recomienda que estén solos por más de seis a ocho horas al día, ya que requieren interacción, actividad física y supervisión.
Los gatos, aunque suelen ser más independientes, no están exentos de necesitar compañía. También pueden verse afectados por cambios en su rutina o entorno, especialmente si son animales sensibles o poco habituados a la ausencia de su dueño.
En ausencias prolongadas, la recomendación es clara: lo ideal es contar con una persona responsable que pueda brindar atención constante, más allá de visitas ocasionales.
Elegir bien al cuidador: una decisión clave
La elección del cuidador o guardería es otro punto crítico. No se trata solo de disponibilidad, sino de capacidad. Los expertos sugieren verificar referencias, condiciones de higiene, seguridad del espacio y protocolos de atención en caso de emergencias.
Un buen cuidador debe mostrar interés en conocer a fondo a la mascota, hacer preguntas y mantener comunicación constante con el tutor. La confianza no solo se construye, también se respalda con información y seguimiento.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Durante la ausencia del tutor, es importante estar atentos a cambios en el comportamiento del animal. La pérdida de apetito, la vocalización excesiva, la destrucción de objetos, el aislamiento o alteraciones en sus hábitos pueden ser señales de estrés o ansiedad.
Si estos síntomas persisten, lo más recomendable es acudir a un médico veterinario. Ignorar estas señales puede agravar el estado del animal y generar consecuencias a largo plazo.
Preparación: la diferencia entre el estrés y el bienestar
Dejar a una mascota al cuidado de otra persona no tiene por qué ser una experiencia negativa. Con la preparación adecuada, puede convertirse en un proceso tranquilo tanto para el animal como para su tutor.
La clave está en anticiparse: informar, planear y elegir correctamente. Porque al final, el cuidado de una mascota no se delega por completo; se acompaña, incluso en la distancia.

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