Menu

Eika y el avance hacia una justicia con enfoque humano: un precedente en los tribunales españoles

Redacción 4 paticas 0 0

La escena fue silenciosa, pero profundamente significativa. En una sala de audiencias en Madrid, una mujer con discapacidad intelectual declaró en un proceso penal por violencia de género acompañada no solo por profesionales del sistema judicial, sino también por Eika, una perrita entrenada para brindar apoyo emocional. El hecho marca un hito: es la primera vez en España que un animal de asistencia ingresa a un juicio oral para acompañar a una víctima durante su testimonio.

Más que un gesto simbólico, se trata de un avance concreto en la transformación del sistema judicial hacia un modelo más accesible, empático y centrado en las personas. La Comunidad de Madrid se convierte así en pionera al ofrecer este servicio de manera pública y gratuita, ampliando las herramientas de protección y apoyo a víctimas de violencia machista.

Reducir la ansiedad, proteger el testimonio

La mujer contaba ya con la figura de un facilitador judicial, un profesional encargado de adaptar la comunicación y garantizar que personas con discapacidad comprendan y participen plenamente en los procedimientos legales. Sin embargo, su nivel de ansiedad era alto. El miedo, la presión del entorno judicial y la carga emocional del proceso hacían evidente la necesidad de un apoyo adicional.

Fue entonces cuando las Oficinas de Asistencia a Víctimas del Delito propusieron al juez la presencia de Eika en la sala. El magistrado autorizó la medida, y durante toda la declaración la perrita permaneció junto a la víctima, aportando una sensación de calma y seguridad en un momento de alta tensión psicológica.

Al finalizar la audiencia, la mujer expresó su agradecimiento por el acompañamiento recibido, una señal de que el apoyo no fue un detalle menor, sino un elemento determinante en su experiencia dentro del proceso judicial.

Justicia sensible al trauma

Hasta ahora, la intervención con perros de apoyo judicial en Madrid se limitaba principalmente a pruebas preconstituidas o entrevistas con equipos psicosociales, especialmente en casos que involucraban a menores de edad. Con este caso, el programa amplía su alcance hacia víctimas adultas de violencia contra la mujer.

La iniciativa es desarrollada por la organización Dogtor Animal, especializada en Intervenciones Asistidas con Animales. Según explican sus profesionales, los perros entrenados para contextos judiciales ayudan a reducir la activación fisiológica asociada al estrés, favorecen la regulación emocional y contribuyen a generar un entorno menos intimidante. Esta estabilidad no solo protege el bienestar de la víctima, sino que también puede facilitar un relato más claro y estructurado, elemento clave en procesos penales.

El enfoque responde a una tendencia internacional conocida como “justicia sensible al trauma”, que busca minimizar la revictimización. El objetivo no es alterar las garantías procesales, sino adaptar el entorno para que las personas puedan declarar en condiciones de mayor equilibrio emocional.

Un cambio cultural en los tribunales

La incorporación de Eika no solo representa un avance técnico, sino también cultural. Durante décadas, los tribunales han sido percibidos como espacios rígidos, formales y poco amables para quienes deben revivir experiencias traumáticas frente a desconocidos. Iniciativas como esta apuntan a humanizar el proceso sin debilitar la rigurosidad jurídica.

El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local de la Comunidad de Madrid calificó el hecho como un paso hacia una justicia más accesible y cercana, que sitúa a la víctima en el centro. Ese enfoque implica reconocer que la verdad judicial no depende únicamente de pruebas y procedimientos, sino también de la capacidad del sistema para generar condiciones seguras para quienes denuncian.

Más que una perrita, un símbolo de transformación

Aunque Eika es, en esencia, una perrita de familia, cuando cruza las puertas de un tribunal asume un rol profesional: convertirse en apoyo judicial. Su presencia discreta, su contacto físico y su capacidad de transmitir tranquilidad se convierten en herramientas terapéuticas en escenarios donde la tensión emocional puede ser abrumadora.

Este precedente abre la puerta a que otras comunidades autónomas evalúen iniciativas similares y amplíen los mecanismos de acompañamiento. En un contexto donde la violencia de género sigue siendo una preocupación estructural, fortalecer el sistema de apoyo a las víctimas es un paso esencial.

La imagen de Eika en la sala de audiencias no altera la solemnidad del juicio; la redefine. Representa la posibilidad de que la justicia avance no solo en términos normativos, sino también en sensibilidad humana. Porque garantizar derechos implica, también, cuidar a quienes tienen el valor de alzar la voz.

Responder

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *